Categoría: Blog

Hoy quiero comenzar una serie de post en los que escribiré sobre emociones y sobre cómo afrontar mejor estos tiempos de obligado confinamiento en casa por causa de la pandemia por Coronavirus que tiene en jaque a nuestro mundo. Lo hago por si a alguien le puede servir de ayuda y también como estrategia para mantener mi mente activa y establecer una rutina que me obligue a ponerme a trabajar cada día.

Y quiero empezar hablando de emociones porque seguro que si hay algo que todos estamos sintiendo con fuerza en estos días es cómo todas ellas vienen y van y nos van haciendo sentir cosas muy dispares, desde el miedo, la tristeza y la ira hasta la compasión, la alegría o la tranquilidad. Todo ello con una velocidad vertiginosa y a veces inexplicable.

Pues bien, lo primero que tenemos que saber es que las emociones son señales que nos proporciona nuestro organismo para indicarnos qué es lo que tenemos que hacer en cada momento. Así, ante una situación de peligro, lo más normal es que sintamos miedo, en una situación de ataque personal, sentiremos enfado o ira y en una situación de bienestar sentiremos alegría.

Lo segundo que debemos saber es que no existen emociones positivas y negativas, esto no tiene ningún sentido, todas las emociones están ahí para mostrarnos el camino. En todo caso podríamos hablar de emociones desadaptativas o disfuncionales si su frecuencia, duración, intensidad o modo de expresión no nos permiten conseguir nuestros objetivos o incluso los boicotean y de emociones adaptativas o funcionales si nos permiten dirigir nuestra acción para resolver la situación que las originó.

Lo tercero que debemos saber es que cuando hablamos de control emocional, en realidad a lo que nos estamos refiriendo es al control de la respuesta que damos como consecuencia de sentir una emoción determinada, no al control mismo de la emoción. Puedo decidir no expresar la emoción o negarla o expresarla de manera intensa, pero la emoción seguirá estando ahí. Sirva el siguiente ejemplo para comprender mejor este hecho: seguro que tienes una persona conocida que cuando habla contigo se acerca mucho a ti y termina cada frase dándote un golpecito en el hombro o en el brazo; cuando esa conducta se repite frecuentemente, te hace sentir incómodo y molesto y tú puedes decidir hacer varias cosas (decirle abiertamente que deje de hacerlo, hacer como si no te molestara, o devolverle el golpecito con un poco más de fuerza para ver si se da por aludido). Hagas lo que hagas, esa conducta te seguirá resultando molesta y te hará sentir incómodo: la emoción permanece y en todo caso lo que sí puedes controlar es la respuestas que das para gestionar la situación.

Estamos viviendo una situación que no sólo está amenazando nuestra salud sino que también está amenazando nuestro estilo de vida e incluso comprometiendo nuestro futuro porque nadie conoce cómo acabará todo esto. Es por eso que, seguramente la mayor parte de nosotros, habremos ido pasando por las diferentes fases de duelo que acompañan a estas situaciones de pérdida o de crisis. Algunos de manera gradual y lineal, otros avanzando y retrocediendo por cada una de las fases, en fin, cada uno dependiendo de las múltiples variables que acontecen cada día y que dependen de nuestras experiencias, de la información que recibimos, del estado de ánimo de las personas que nos rodean, de otros eventos positivos y negativos que suceden en nuestra vida.

Emociones en crisis

Respuesta emocional en situaciones críticas

Hace una semana, tan sólo una semana, casi negábamos el hecho de lo que estaba por venir, no le dábamos demasiada importancia y actuábamos como si no fuera con nosotros, hasta que la realidad se instaló en nuestras vidas y no nos dejó más opción que asumir lo que estaba pasando. Seguramente en ese momento las emociones fueron las de enfado (contra el virus, contra los políticos, contra el Destino y la Humanidad o contra cualquier cosa se nos cruzara por el camino) y también la frustración (todos los planes cancelados) que nos lleva a mayor enfado. Como no podemos pasarnos la vida enfadados y además no conseguimos mejorar la situación buscamos la fórmula de resolver la situación: hay quienes se ponen a rezar, otros compran papel higiénico de manera compulsiva y todos salimos a aplaudir a las ocho de la tarde para sentir que no estamos solos y expresar nuestro agradecimiento con quienes de una u otra forma nos están ayudando a mejorar nuestras vidas de encierro. Al fin y al cabo, establecemos rutinas que nos hagan sentir que tenemos el control, aunque no sea así, una forma de negociar con la incertidumbre.

Y mientras tanto, aparecen los momentos de bajón, la tristeza, la sensación de vacío y aislamiento. ¿Quién no ha llorado en algún momento en esta semana por la impotencia o por la falta de control?

Pues ahora nos toca aceptar todo esto, la última fase del proceso. Todas esas emociones son válidas y valiosas. Nos hacen parar para pensar, nos ponen en alerta para organizar nuestras vidas y tomar decisiones y nos orientan para resolver los problemas cotidianos y prepararnos para resolver los problemas que vendrán. Y para eso sirven las emociones, para decirnos qué tenemos que hacer en cada momento.

En próximos posts, analizaré algunas emociones por separado, pero sirva de momento la siguiente infografía como resumen de cómo funciona nuestro sistema emocional.

Y como consejo final mi recomendación es: acepta las emociones que sientes, recuerda que son válidas y valiosas, y comprométete con la acción, oriéntate a resultados y actúa con emoción, con la que tengas en ese momento.

Ah, y también puedes ver la peli «Del revés» (Inside out)

Emociones en tiempos de crisis

Qué son las emociones

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