Categoría: Blog

El poder transformador de la música clásica, es el título de esta charla TED que puedes ver en el siguiente vídeo protagonizado por Benjamin Zander, director de música y que me sugirió la siguiente entrada de blog que escribí en la página de Ideas Poderosas – Formación y desarrollo personal allá por septiembre de 2013 y que titulé Liderazgo. Las melodías que dejan huella.

A continuación puedes ver el vídeo (con subtitulos en castellano pinchando en la parte inferior derecha) y después mis comentarios.

 

 

Esta charla TED de Benjamin Zander trata sobre la inspiración, sobre el liderazgo, sobre la visión de a dónde queremos llegar. Podría parecer que estas cosas están reservadas sólo para quienes tienen una posición de poder en una organización, para quienes toman decisiones de gran relevancia, para jefes de equipos o responsables de empresas, pero creo que en realidad, todo ello está relacionado con cada uno de nosotros, con nuestras vidas, con nuestros objetivos, independiente de nuestra posición en el grupo al que pertenezcamos (familia, amigos, empresa, club, asociación, etc.).

No producir sonidos, tal y como afirma Zander en un momento determinado de su charla, no significa no ejercer influencia. La influencia de un director sobre su orquesta es evidente: consigue que un buen puñado de músicos toquen sus instrumentos al unísono dando como resultado la interpretación de una partitura; pero si el director además es bueno, entonces la orquesta no sólo interpreta una partitura sino que ésta llega a convertirse en una bella melodía y, quién sabe, en toda una obra de arte.

En este punto, alguien podría preguntarme, ¿y qué pasa con los músicos?, y mi respuesta, sin ánimo de hacer una afirmación categórica y definitiva, sería que unos buenos músicos al mando de un mal director nunca superarán a unos músicos aceptables en manos de un excelente director. (Atención, si los músicos son realmente malos, ¡qué se prepare el director!).

En la labor de dirección de una orquesta (o de cualquier grupo humano) hay una intención de dirigir; más o menos consciente, más o menos premeditada; pero una intención de influir al fin y al cabo. Para mí, ahí está la trampa del liderazgo: pensar que para ejercer influencia hemos de tener una batuta y ponernos al frente de la orquesta. Podemos ejercer influencia sin batuta, sin estar al frente de nadie e incluso con el firme deseo de pasar desapercibidos, pero si hacemos las cosas con convicción, con pasión y con honradez (incluso sin producir ningún sonido) dejaremos huella, y ¿quién sabe? hasta quizá conseguiremos que los ojos de quienes nos rodean brillen.

Liderar es ejercer influencia, sin duda; pero sobre todo liderar es tener una visión, es visualizar el futuro que deseamos para nosotros y/o para quienes nos rodean, es el viaje que hacemos para unir un Si con un Mi dejando de pensar en cada nota separada en el camino y empezar a pensar en la larga línea que va del Si al Mi. Y ese viaje es inspirador, podemos hacer el viaje solos o acompañados, podemos hacer el viaje al frente o de manera más discreta desde el anonimato, podemos pretender movilizar a nuestro entorno o no tener esa pretensión y sin embargo generar ese movimiento.

Da igual si soy el director o el músico; si actúo con esa visión, si me comprometo con la partitura y si me concentro en la interpretación, estaré más cerca de convertir mi vida en un viaje agradable y apasionante, y eso, no pasará desapercibido para los demás.

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